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Bitácora para hablar de discapacidad.

Bitácora para hablar de discapacidad.

Un poco de casi todo y todo relacionado con la discapacidad. Todo ello por obra y culpa de Carlos Egea.

Sábado, 23 de abril de 2005

¡Pobre niño enfermo!

Esta frase, lapidaria, resume la imagen social que mucha gente tiene de las personas con una funcionalidad distinta, a las que se suele llamar personas con discapacidad.

En cierta ocasión, disfrutando del suave sol primaveral de mi murciana tierra, sentado en un banque del parque cercano a casa, pude presenciar la siguiente escena:
Por mi lado izquierdo se aproximaba una mujer de avanzada edad, probablemente más de 60 años, que empujaba la silla de ruedas donde un varón de más de treinta años se sentaba. Por el lado contrario se aproximaba otra mujer de similar edad, que acompañaba a un pequeño perrito en el ritual de su paseo diario, supongo que para estirar sus patas (las del perrito) y hacer sus necesidades (espero que en la zona reservada a tal efecto en el parque).
Justo frente a mí, a poco más de un metro, ambas se cruzaron y en ese momento detuvieron su paeso para intercambiar saludos. Entre ambas se estableció la típica conversación a cerca del estado de salud de familiares y amigos comunes, así como otra serie de tópicos sociales habituales en este tipo de encuentros. Ninguna de las dos parecía prestar la menor atención a la presencia del tercer acompañante (humano) hasta que la dueña del perrito se dignó a preguntar a la otra señora por el varón sentado que le acompañaba. Esta última le informó que ya había terminado sus estudios de psicología y que el varón en cuestión estaba matriculado en unos cursos de doctorado, por lo cual estaba muy contenta. A lo cual la acompañante del perrito contestó:
- ¡Pobre niño enfermo!
De lo que sucedió después poco puedo relatar, ya que lo sucedido me dejó perplejo y meditabundo.
¿Por qué la dueña del perrito no le preguntó directamente al varón sentado qué tal le iba?
¿Por qué la que supongo madre del varón no dejó que éste fuera quien contestara a la pregunta de la dueña del perrito?
¿A qué venía esa frasecita lapidaria que carecía de cualquier atisbo de verdad?
Era evidente que el varón sentado no era "pobre", así lo anunciaba su vestimenta y la ultralijera silla de ruedas que usaba. También evidente era que, por su edad, no era un "niño". Y, al menos en apareciencia, gozaba de un estado de salud que no justificaba el ser calificado de "enfermo".
Esta situación me hizo reflexionar sobre la frasecita hasta concluir que reflejaba la visión social que muchas personas tienen de aquellas personas con funcionalidad distinta a las que solemos conocer como personas con discapacidad.
Un caballero en la treinta que ha terminado estudios de psicología y procede a obtener su doctorado, que viste de forma elegante y adecuada a su edad, se mueve en una silla de ruedas de buena factura y parece estar gozando, sanamente, del solecito primaveral es lo más lejano a un "pobre niño enfermo". ¿Por qué, entonces, se le denomina así?
Me parece que analizando la frase podemos encontrar ciertas pistas que desvelen el misterio.
A las personas que tienen funcionalidad disinta de la mal considerada "normal" se les tiene pena. Por eso de ellos se dice "pobres", en el sentido de lamento que en el idioma de Cervantes tiene este término si lo flanqueamos con signos de admiración. Es posible que también haya cierta proyección económica en el vocablo, ya que se le augura una difícil subsistencia debido a la presencia de una discapacidad y las limitaciones que le va a conllevar.
La tendencia a una mal entendida caridad protectora para con las personas de funcionalidad distinta, las lleva a ser tratadas como eternos niños. No sé tildan sus logros y progresos vitales. La vista se fija en su necesidad de recibir asistencia personal para la realización de determinadas actividades de su vida diaria. He conocido casos en los que una abnegada trabajadora de un centro de atención a personas con discapacidad severamente afectadas llamaba a uno de los usuarios del centro, con sus más de cuarenta tacos cumplidos, "mi niño". No puedo pensar que lo hacía malintencionadamente, sino que era producto (o subproducto, diría mejor) de un reflejo social hacia estas personas.
La mejor excusa para cuidar a una persona, sin que nos lastre la situación, es considerarla enferma. Por ello, a muchas personas con funcionalidad distinta y necesidad de ayuda personal para su desenvolvimiento diario, pese a que gozan de un perfecto estado de salud física y mental, se les aplica el calificativo de "enfermos".
ALgo me quedó claro de aquel encuentro y su posterior reflexión: la sociedad en que vivimos y muchos de los integrantes de la misma sufren un extraño síndrome al que ahora puedo catalogar como el del "¡pobre niño enfermo!" (con su vertiente femenina de ¡pobre niña enferma!).
Lo que no conseguí desvelar fue por qué la señora del perrito no preguntó al varón sentado sobre cómo le iba la vida, por qué fue la que supongo madre del varón la que contestó y por qué el varón sentado permaneció placidamente en silencio oyendo como se referían a él sin darle "vela en el entierro" (aforismo español para expresar si uno tiene o no participación en lo que sucede a su alrededor). Pienso que un psicólogo en vías de doctorarse está en plenas condiciones para responder por sí mismo a cerca de su propia situación.
Me quedaré con la duda y puede ser objeto de una nueva reflexión.

Referencias

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Comentarios

  1. Bienvenido a la red. Te deseo suerte y te pondré un enlace.
    En cuanto al diseño, una recomendación. Yo pondrían, para comodidad de lectura, un pequeño margen izquierdo.
    Saludos,

    jesus garcia — 23-04-2005 19:21:35

  2. Gracias Maestro Jesús por tu comentario:
    Tu bitácora ya se encuentra citada en la mía. Agradezco que me cites en la tuya.
    Sobre tu recomendación sobre el diseño, no sé si lo lograré, ya que mi control sobre el mismo es muy limitado. Aún no he encontrado la manera de cambiarlo, pero no cejo en el empeño por conseguirlo.
    Saludos,
    Carlos Egea

    Carlos Egea — 23-04-2005 20:07:35

  3. Hola Carlos, primero mi enhorabuena por tu bitácora, me encanta este tipo de ideas, y este ir y venir de pensamientos. La verdad es que me indigna tanto como a tí, situaciones como la que cuentas de que no hablen a la persona directamente, te lo digo porque lo he vivido en mis propias carnes, ir con mi madre a un centro comercial a comprar un aparato, y el comercial hablar a mi madre y preguntarle a ella, cuando era yo quien lo iba a comprar, simplemente m i madre me acompañaba.
    Yo le decía perdone, pero la que voy a comprar el aparato soy yo, no mi madre, y el tío hacía oidos sordos, seguía hablandole a mi madre, se lo tuve que decir tres veces, y la chica que había al lado que también trabajaba allí, se reía ante la situación, porque era la verdad, aparte de lamentable, para reirse. Al final accedió a hablarme a mí, pero no veas lo que me costó.
    Lo que me cuesta creer, es porque no el chico en cuestión habló por si mismo, y más si ha estudiado psicologia, vamos, creo que me meto en tierras movedizas, pero la verdad es que no deja de resultar curioso la pasividad del individuo en cuestión.
    Besos, Sofía

    Sofía — 23-04-2005 20:55:41

  4. Yo creo que el chico no se metió en la conversación porque no le interesaba contarle su vida a la señora del perro. Por su parte, la señora del perro preguntó a la madre y no al chico, porque se sentía más cómoda hablando con una mujer de su edad y a su misma altura. Muchas veces la gente teme que la persona que va en silla no les entienda y se vean obligados a hacer un esfuerzo extra.

    Este tipo de casos son parecidos a cuando llegas a algún edificio grande, preguntas al segurata dónde están los ascensores y en vez de responderte, te agarra de la silla y te lleva él mismo a toda velocidad. Una vez me pasó eso en un museo y perdí de vista a las dos amigas que venían conmigo. Me costó Dios y ayuda convencer al tipo de que no me empujara más y me dejara volver atrás a encontrarme con ellas.

    Barbarita — 18-07-2005 19:13:59

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Carlos Egea, el responsable de los contenidos de esta bitácora, es un loco entre muchos locos. Ha dedicado su vida profesional a eso de la discapacidad. Siempre buscando, siempre aprendiendo y esto no es más que otra muestra de ello.

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